Un concepto que nació AD (Antes del COVID-19)

Por Verónica Massonnier

En los últimos años se ha producido un interesante fenómeno en el dress code, y ya constituye una tendencia. Se trata de la idea de vestir con fluidez, comodidad y distensión. La clave es generar un outfit que luzca como doméstico, hogareño e informal; la idea es transmitir confort sin esfuerzo, belleza sin opresión. 

Las marcas suecas fueron de las primeras en instalar esta idea; generaron pantalones anchos de telas confortables, medias gruesas que permiten andar por la casa sin otro calzado, buzos y remeras amplios que transmiten, desde una primera mirada, la alegría de estar en el hogar. 

Muchas veces este estilo se llamó “comfy” y se completó con outfits para transitar por la ciudad sin perder la apariencia distendida. Otros lo llamaron estilo “undone” porque la clave consiste en expresar lo inacabado, lo contrario los modelos estructurados de unas décadas atrás; en el estilismo del cabello, el estilo “undone” tiene una fuerza importante y mantiene su vigencia. 

El dress code basado en el homewear presenta como denominado común el énfasis en las dimensiones (es oversize por naturaleza) y también en los materiales (se caracteriza por materiales naturales, fibras de lana o algodón, muchas veces tejidos gruesos y envolventes). Rechaza la rigidez. En muchos casos está presente el concepto de la sustentabilidad y el cuidado del ambiente, frente a las evidencias de lo inquietante que supone la agresión a la naturaleza. 

Todo ello está conectado con el concepto de protección y abrigo que sugiere el hogar; de manera simbólica, el hogar es el lugar que brinda la mayor seguridad, en el que se puede expresar con libertad la identidad personal, el espacio en el que no hay que producirse excepto para la autoestima y el autocuidado. El homewear manifiesta el bienestar de ser como somos, sin necesidad de crear un personaje. 

El confinamiento que vive el mundo en estos momentos ha llevado a una transformación en la forma de vestir: el hogar es, en muchos casos, el espacio para generar belleza sin la exigencia de los ámbitos sociales externos y -en muchos casos- del código de vestimenta laboral. Pero el concepto va más allá: hay un sentimiento de miedo que se traduce en la necesidad subjetiva de protección, y la ropa que cubre el cuerpo (y en muchos casos el rostro) tiene un valor simbólico. Es defensiva y protectora, no marca las curvas físicas sino que crea una especie de “barrera” entre el cuerpo y el mundo exterior. Aquí, si bien no hablamos estrictamente de homewear, encontramos en muchos casos los mismos códigos visuales. 

BAS

CHER.

LEMON

NATURA

VITAMINA

ZARA