Especializada en decoración, Opi representa la armonía del buen gusto.

Empática. Sensible. Así se la percibe a Opi Rubio ni bien uno se contacta con ella. Virtudes no menores si se tiene en cuenta el rol del diseñador de interiores. Leer el alma de las personas que habitan la casa, para que luego esa lectura se vea reflejada en los distintos detalles a elegir.

“Mi nombre es Florencia en realidad, pero soy Opi.” Con esta afirmación contundente, así parece pararse Opi ante la vida. Y ante los clientes. Firme. Pero flexible.  Y su personalidad está presente en todas sus decoraciones. Pero, ante todo, dejando al cliente ser.

De su abuela belga heredó no solo su mirada celeste y su piel nívea, sino “su buen gusto”, según cuenta Opi. Y si a ello le añadimos la creatividad como don, además de la fuerza de la juventud, se da el terreno fértil para que una adolescente de 19 años ganara el primer premio de Antaño(espacio de muestra de diseño y decoración en Montevideo, en los ochenta). Su madre necesitaba una mano para la muestra, y Opi se la dio. “Puse toda mi energía. A partir de ahí me empezaron a salir los primeros trabajos particulares.”

Así fueron sus comienzos.

Dress: ¿Dónde te formaste?

Opi Rubio: Estudié todo lo que había en el momento, cuando terminé el colegio, hace 31 años. Hice Gino Moncalvo (Escuela de Decoración), tres años. Y paralelamente hice un curso en Idead (Instituto de diseño). Después, en Buenos Aires hice varios cursos.

D: ¿Definirías tu estilo?

OR: No me gusta definir mi estilo,trato de adaptar mi estilo al gusto de mi cliente. Lo que sí podría decir, es que la gran mayoría de mis decoraciones son muy serenas. Amo el color blanco en todas sus tonalidades.

D: Tu gusto. El gusto del otro. Lo miro de afuera y se me hace difícil imaginarlo.

OR: Nunca haría algo que no me guste, pero puede ser que no sea de mi estilo. Quizás no lo haría para mi casa. Lo que me da más satisfacción es ver que al cliente le gusta lo que hice y que lo pude captar.

D: Como diseñador uno tiene que comprender muchos aspectos del cliente…

OR: Ahí está la parte psicológica. Tratar de que el cliente te entienda. Me involucro mucho con la persona y sus necesidades.

D: ¿Qué tiene que tener un diseñador de interiores para sobresalir?

OR: El talento tiene que estar, y eso viene con uno. Hay que potenciarlo con estudio, estar muy actualizado. Además, para tener éxito tu gusto tiene que gustar. Jamás trato de imponer mi estilo. Todo lo contrario. Trato de interpretar a mi cliente y busco adaptarme absolutamente. Otras características a destacar son profesionalismo, empatía y trabajar con los mejores proveedores.

Yo trato de lograr que las casas sean normales. Vivibles de verdad. Para nada una casa de revista. Me gusta que desprolijas queden lindas.

D: ¿Qué es lo que más disfrutás hacer?

OR: Me gusta un poco de todo, cambiar. Cada trabajo es un desafío nuevo y me encanta. No solo hago casas, sino cocinas, hoteles, restoranes, locales comerciales.

 D: ¿Un material?

OR: Uso todos los materiales nobles, naturales. Madera, piedra, lonja, cuero, lino, lana, yute. Y los mezclo mucho.

D: ¿Quién llama al decorador? ¿Hay un tipo de personalidad?

OR: Me parece que no va por personalidad. Es una cosa que muy lentamente se está integrando.Cada vez más las personas quieren estar en un ambiente donde se conjuguen el confort, la estética y la armonía.

D: ¿Te das cuenta cuando una casa está decorada por un diseñador?

OR: Sí, al instante. Los decoradores tenemos una vueltita distinta que no tiene la gente que no lo es. Te das cuenta que intervino la mano profesional. Hay detalles, por ejemplo, en la iluminación. Tiene un aire distinto.

D: ¿Vos llamarías a un decorador?

OR: Sí, moriría.A veces llego a mi casa pensando que sería bueno que alguien se ocupe de ella. Me encantaría que venga alguien y me diga “Poné esto acá, vamos a hacer aquello”.

D: Algún decorador…

OR: Hay muchos que me gustan, entre ellos una paulista, Débora Aguiar. Acá en Uruguay hay gente con mucho talento.

D: ¿Le agregás el valor arte a tus decoraciones?

OR: Siempre que puedo sí. Pero no elijo por nadie, jamás le compraría un cuadro a alguien. Lo que sí hago es recomendar artistas que a mí me gustan, y los encamino.

D: ¿Cuándo un trabajo resulta óptimo?

OR: Cuando los decoradores trabajamos con los arquitectos, el trabajo se potencia enormemente. Una obra, una casa, un local comercial, lo que sea. Porque tenés un proyecto de decoración cuando están en obra, y ya sabés dónde están los enchufes, qué pisos vas a poner, dónde vas a poner el sillón. Es una cuestión integral.

D: ¿Un país y su decoración?

OR: Brasil, te lo digo de entrada. Le dan muchísima intervención al arte en la decoración. Siempre digo que no importa cómo esté decorada una casa, si es de tu gusto o no. Si tú entrás a una y tiene arte, esa casa tiene personalidad, y eso vale.

D: Una decoración del alma…

OR: Todos los trabajos tienen lo suyo, pero uno muy gratificante fue decorar una clínica oftalmológica para ciegos. Usé todos los demás sentidos. Trabajé basada en el tacto, la linda música, los aromas, sensaciones en general. Las aristas del mobiliario eran suaves.

D: ¿Reflexión final?

OR: Soy muy agradecida de lo que hago. Lo disfruto de verdad.

Por Dolores de Arteaga