Por Verónica Massonnier.

Hace un tiempo que se está escribiendo e investigando sobre el rol que juegan las “pantallas” en nuestra vida; se incluye por supuesto el celular, las computadoras y también la TV, dado que todas ellas ocupan nuestra vista y atención durante muchas horas del día. Igualmente, la TV es diferente porque somos “pasivos” ante ella, solamente miramos, en tanto en el resto de las pantallas somos interlocutores activos y protagónicos. 

Está muy claro que hay una parte de esta conectividad que no se puede elegir, ya que hoy en día el teletrabajo o el estudio online son imperativas a causa del COVID. No nos referimos a este momento puntual sino a la tendencia -que tiene ya varios años- a sumar cada vez más tiempo digital. 

Algunos estudios hablan de adicción; sin llegar tan lejos, cuando percibimos el agotamiento que ocasiona la conectividad permanente estamos pensando más bien en los tiempos que elegimos estar conectados y en la forma (puramente individual) que cada uno elige. El mundo online y el uso de las redes sociales es tan personal que podemos decir que realmente tenemos un modelo de uso para cada persona.

Los estudios muestran que la conectividad de varias horas diarias produce un gran cansancio, a veces agotamiento: estar disponible, ser interrumpido, recibir sonidos que interfieren con la actividad que estamos desarrollando; es ya un lugar común ver un grupo de personas reunidas y varias de ellas mirando su celular en vez de interactuar. Es que la enorme curiosidad de ver lo que pasa del otro lado puede ser más intensa que la conversación que estamos sosteniendo cara a cara. 

Frente a esto, algunos autores (varios de ellos se han convertido en moda) proponen el llamado “detox digital”: marcarnos de manera voluntaria un período de varios días (o más) para experimentar la desconexión total (obviamente, el trabajo no se puede excluir). Todo lo que significa comunicación a través del celular, grupos de Whatsapp, las redes sociales en general, quedarían silenciados por un período. Y la idea es ver qué se experimenta: ¿baja el nivel de ansiedad? ¿tenemos más tiempo y lo dedicamos a otras cosas? Tal vez nos demos cuenta de que gran cantidad del tiempo no estaba dedicado a la comunicación valiosa y pertinente sino a “basura” comunicacional, mensajes y actividades de las que podemos prescindir sin pérdida.