Reflexiones de Verónica Massonnier.
En este mes celebramos el día de la mujer y siempre me he sentido conmovida por las metas, los desafíos y los logros de nuestro género. Marzo significa, cada año, estar más consciente que nunca de la propia condición femenina.
Hoy sin embargo mi reflexión incluye a un hombre, el amor de mi vida, que acaba de irse para siempre. ¿Por qué hablar de lo masculino en el día de la mujer? Porque quiero dar las gracias. Este hombre, mi gran amor, me enseñó a ser una mujer completa y a expresar“mi mejor yo”. En ese vínculo pude descubrir no sólo el encuentro de pareja que había soñado en la adolescencia sino también el respeto, el lugar para desarrollar los sueños, la valorización de mis ideas y de mi parte creativa. La mirada de los dos enriqueció mi propia mirada; ya no fue la incertidumbre de pensar en soledad sino la posibilidad de encontrar las respuestas y los caminos pensando “en equipo”.
Para mí fue una experiencia nueva, la mejor. Tal vez antes no creía en la pareja perfecta: ahora sí creo. Y destaco que eso no quiere decir renunciar a la individualidad sino potenciarla. No quiere decir sumirse en la voluntad del otro sino por el contrario encontrar los propios deseos y buscar los puntos de armonía. No es diluir el propio “yo” sino descubrir cada vez más ese ser interior que significa ser mujer.
Este es mi aporte hoy; la confianza en que es posible vivir de la mejor manera en compañía, y que ello no significa renunciar sino sumar. Hay que luchar para lograrlo, pero se puede.
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