Uruguay quiere desarrollar Rocha. Bien. Pero desarrollo no puede significar construir cualquier cosa en cualquier lugar. El proyecto de un aeropuerto internacional sobre la Ruta 10, entre dos de los ecosistemas costeros más valiosos del país, abre una pregunta que ya no podemos esquivar: ¿qué estamos dispuestos a perder en nombre del progreso?

Rocha tiene algo que cada vez queda menos en el mundo: naturaleza, silencio, cielos oscuros, biodiversidad, playas todavía poco intervenidas y una identidad construida precisamente alrededor de ese patrimonio.

Eso atrae turismo. Atrae inversiones. Atrae a uruguayos y extranjeros que eligen esta costa porque todavía es diferente. Y ahí aparece la contradicción. ¿Tiene sentido transformar justamente aquello que genera su valor para facilitar el acceso a quienes vienen a buscarlo?

¿Un aeropuerto entre dos áreas protegidas?

El proyecto prevé instalar el aeropuerto sobre la Ruta 10, entre Laguna Garzón y Laguna de Rocha. La propuesta preliminar contempla una pista de 1.350 metros, eventualmente ampliable a 1.600, además de terminal, hangares, estacionamientos y toda la infraestructura asociada.

No estamos hablando de dos espejos de agua aislados. Estamos hablando de un sistema vivo en el que agua, humedales, vegetación, aves residentes y migratorias y otras especies se desplazan e interactúan más allá de los límites administrativos de las áreas protegidas.

La naturaleza no conoce las líneas que dibujamos en un mapa. Y por eso importa tanto el territorio que existe entre ambas lagunas.

¿Qué turismo queremos?

La Liga de Fomento de José Ignacio —una organización con 70 años de trayectoria— acaba de solicitar formalmente al Ministerio de Turismo que se pronuncie contra la instalación del aeropuerto en Las Garzas.

En su presentación cita el análisis del CURE y pone sobre la mesa algo que suele quedar relegado: el impacto sobre la experiencia del territorio. Un aeropuerto no termina en el perímetro de una pista. Son sobrevuelos. Ruido. Luces. Accesos. Automóviles. Infraestructura. Transformación del suelo.

La Liga advierte específicamente sobre el posible perjuicio al turismo de naturaleza y al turismo astronómico y señala la pérdida de tranquilidad acústica como una disminución de la calidad ambiental que distingue esta región.  ¿El interés económico de un proyecto justifica comprometer un territorio ambientalmente excepcional cuando pueden estudiarse otras localizaciones?

Rocha necesita trabajo, inversión, infraestructura y oportunidades. Y precisamente por eso necesita un modelo de desarrollo capaz de reconocer cuál es su principal capital. Su naturaleza no es un obstáculo para el desarrollo. Es parte de su riqueza.

Ya existen propuestas para evaluar localizaciones alternativas, incluso vinculadas al eje de la Ruta 9 y a infraestructura aeronáutica existente próxima a la ciudad de Rocha. Comparemos accesibilidad, seguridad aeronáutica, impacto ambiental, costos, conectividad y desarrollo territorial antes de tomar la decisión.

El propio Ministerio de Ambiente encendió la alarma. La DINACIA propuso inicialmente que el proyecto fuera clasificado ambientalmente como Categoría B. El Ministerio de Ambiente resolvió que correspondía Categoría C, aplicable a proyectos capaces de producir impactos ambientales negativos significativos. Esa clasificación exige un Estudio de Impacto Ambiental completo y una audiencia pública.

Significa que las preocupaciones sobre esta localización no son solamente emocionales ni provienen únicamente de vecinos o ambientalistas.

Existen cuestionamientos técnicos sobre biodiversidad, fragmentación de hábitats, contaminación acústica y lumínica y, especialmente, sobre el movimiento de aves entre las lagunas y el consecuente riesgo de colisiones con aeronaves.

La pregunta resulta inevitable: si un lugar presenta semejante sensibilidad ambiental y además plantea condicionantes para la propia operación aeronáutica, ¿por qué insistir precisamente allí?

Un aeropuerto puede cambiar de lugar. Un ecosistema, no.

Estamos en 2026. Sabemos lo que significa perder biodiversidad. Sabemos lo que ocurre cuando fragmentamos ecosistemas. Sabemos que algunas transformaciones son muy difíciles —o imposibles— de revertir.

Por eso los vecions de la zona solicitan que los acompañen en  el pedido de buscar OTRO LUGAR para el aeropuerto de Rocha y convoca a ciudadanos, científicos, empresarios, artistas, profesionales y autoridades a involucrarse.

Aeropuerto para Rocha, sí pero en otro lugar. Entre Laguna Garzón y Laguna de Rocha, no.

Si también creés que existen decisiones que merecen ser revisadas antes de transformar para siempre un territorio, te dejamos el link para firmar la petición y compartila.

FOTOS: @tanapozzi