Tips para el cuidado y embellecimiento de la piel del rostro.

Por Mariella Figueredo

Lo sabemos: si queremos un rostro radiante, debemos cuidarlo en función de nuestra edad y características particulares. En este sentido, como en tantos otros, la constancia es la clave; y si buscamos buenos resultados, no debemos copiar lo que otras hacen: todas tenemos tipos de piel y necesidades distintas, por lo que habrá tantas rutinas como mujeres interesadas en cuidarse.

Ahora bien: ¿cómo saber cuál es la adecuada para nosotras? Un buen primer paso es consultar a un especialista: así, bastará una visita a un dermatólogo o a una cosmetóloga médica para que estudien nuestra piel y, en base a los resultados y los objetivos que planteemos, definir la mejor rutina de cuidado para nuestro caso.

A no engañarnos: la mayoría, en algún momento, nos vimos en la tentación de comprar algún producto que no necesitamos, ya sea al influjo de la publicidad o por seguir consejos de otras. Y no es que el producto sea necesariamente malo, sino que -lo más probable- lo que compres o te recomienden no sea lo más indicado para tu piel. ¿Cómo evitar esto? Simple: seguir a rajatabla las recomendaciones del profesional. Y si lo que queremos es experimentar un poco, deberíamos, al menos, investigar: así, leer los ingredientes del producto, chequear comentarios de otros usuarios en las redes y pedir muestras para probar cómo funcionan en nuestra piel, pueden darnos la tranquilidad necesaria para dar el paso.

KEEP IT SIMPLE

A la hora de armar nuestra rutina, otro consejo saludable es mantenerla lo más simple posible. Es que con tantos lanzamientos y nuevos productos en el mercado, es normal que nos veamos tentadas a sumar pasos e incorporar productos -tónicos, esencias, serums, scrubs, cremas, aceites, y un largo etcétera-, esperanzadas de que serán la solución a nuestras plegarias. Pero ello puede llevar a cometer excesos que, como sabemos desde siempre, no son buenos: menos es más, y en el equilibrio está la clave.

En cualquier caso, hay cuatro pasos básicos que siempre tienen que estar presentes: limpiar, tratar, hidratar y proteger. Y en todos ellos, es necesario tomarse el tiempo necesario para encontrar el tipo de producto que mejor se adapte a nuestro tipo de piel. Así:

En cualquier caso, hay cuatro pasos básicos que siempre tienen que estar presentes: limpiar, tratar, hidratar y proteger. Y en todos ellos, es necesario tomarse el tiempo necesario para encontrar el tipo de producto que mejor se adapte a nuestro tipo de piel. Así:

–  Para limpiar, existen diversos tipos de productos -aguas micelares, leches, geles, aceites y mouses-, pero la clave estará en encontrar aquél que deje la piel limpia, evitando a la vez la sensación de resequedad en la piel;

–  A la hora de tratar, lo que buscamos es “combatir” aquello que, en general, más nos preocupa: por ejemplo, eliminar el acné, suavizar nuestras líneas de expresión o aclarar manchas, solo por mencionar algunas de las causas más habituales. Para este paso, lo más recomendable es un serum o un tónico exfoliante (exfoliación química), una solución relativamente novedosa que está desplazando al ya clásico scrub (exfoliación física).

–  A continuación, debemos hidratar. En estos casos, las opciones suelen reducirse a una crema, un balm o un aceite. La consulta al especialista puede ser muy valiosa a la hora de conocer características de cada una, como paso previo a definir la mejor para nosotras.

–  Por último, proteger: no importa la estación del año en la que nos encontremos, es fundamental aplicar protector solar. Como todas sabemos, la radiación ultravioleta es un factor de riesgo cada vez más significativo, y debemos tomar todos los recaudos posibles si lo que queremos es cuidarnos.

BED, BATH & BEYOND

Naturalmente, pueden sumarse un par de productos o pasos adicionales. ¿Algunas ideas? Podemos sumar una esencia o mist, agregar una fuente de hidratación extra aplicando un aceite luego de la crema, hacernos una limpieza profunda cada dos meses, o aplicarnos máscaras que traten necesidades puntuales.

Asimismo, podemos ir introduciendo algunos cambios en nuestros productos, en particular acompañando las estaciones. Nuestra piel tiende a secarse más y a sensibilizarse con el frío, el viento y la calefacción, por lo que son necesarios más nutrientes: por eso, podemos sumar un aceite y cambiar el limpiador en gel por una leche o crema. Simple, ¿no?

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